
Si en medio de un sufrimiento descomunal, sigo deseando aportar paz a nuestra consciencia común, intento volver a estas prácticas:
- Cuando descubro que necesito tener razón, trato de preguntarme qué valoro más en ese momento: tener razón o conectarme con el amor. Hay ocasiones en que ambas cosas no pueden coexistir. Y cualquiera de las opciones es válida en tanto que sea tomada con consciencia, es decir, como una elección y no como una reacción.
- Intento sentir el dolor, la furia, la indignación o la impotencia sin convertirlos automáticamente en una teoría de lo que está ocurriendo. Para ello procuro no refugiarme en compulsiones como revisar ininterrumpidamente las redes sociales, reenviar mensajes sin parar o validar mi irritación dialogando únicamente con personas que piensan como yo.
- Cuando necesito un analgésico emocional, procuro volver a los autocuidados: respirar profundamente, mover el cuerpo, descansar, caminar en la naturaleza, pedir ayuda, hablarme con amabilidad y cultivar una amorosa curiosidad por lo que estoy sintiendo.
Ahora bien, cuando otros que amo están sufriendo, esto no es fácil. En estos días me he descubierto llorando porque las margaritas florecieron y nunca habían estado tan hermosas mientras en Venezuela hay tanta destrucción.
4. Cuando esos sentimientos difíciles persisten, sospecho que ya no estoy reaccionando sólo a los hechos, sino también a una historia que mi mente construyó para darles sentido. Entonces recurro a otra herramienta espiritual: la abstinencia de la historia.
La practico así: comienzo con amorosa curiosidad por lo que estoy sintiendo. Después identifico «la historia» (esto es, los juicios y condenas) hacia otros o hacia mí. Generalmente aparecen en forma de declaraciones como: «es injusto», «es imperdonable», «está mal», «está equivocado» o cualquier «debería». Si todavía no logro ver con claridad la historia que sostiene esas certezas, recurro a la escritura, especialmente a la meditación de doble vía.
5. Entonces llega la parte en la que mi ego se retuerce: rendir las certezas. Cuando descubro las afirmaciones en las que se sostiene mi historia, hago una pausa y me repito: «Pero yo no sé eso».
Y es cierto. No sólo no sé todo lo que ha ocurrido. Sobre todo, no sé todo lo que ignoro. Ése es territorio divino. ¿Puedo aceptar que no soy Dios?
6. Si aun así me cuesta renunciar a mis certezas (en el sentido de que no puedo dejar de estar convencida de que mis ideas son ciertas), recurro a una plegaria muy sencilla:
«Conciencia de Amor, ayúdame a recordar que no sé lo que no sé, pero con tu poder puedo encontrar una forma mejor que esta certeza.»
No puedo evitar el dolor de la tragedia, pero sí puedo aprender a volver, una y otra vez, a una consciencia de paz.
Si estamos fuera de Venezuela, quizá podamos hacer muy poco para ayudar a quienes buscan desesperadamente a sus seres queridos, abrazar a quienes lloran por sus fallecidos o contribuir a reconstruir lo que se destruyó. Pero sí podemos decidir qué clase de consciencia aportamos al dolor colectivo. Tengo suficiente evidencia de que ésta es una forma muy humilde y, al mismo tiempo, muy profunda de ayudar.
Y justamente, mientras escribía estas líneas me di cuenta de que varias de las herramientas espirituales mencionadas, como la meditación de doble vía, la escritura, rendir las certezas, los autocuidados y la abstinencia de la historia, están en mi libro Una Forma Mejor y quizás puedan acompañar y guiar a personas que hoy están viviendo la difícil experiencia tras los terremotos en Venezuela.
Por eso decidí regalar un ejemplar del eBook a cualquier venezolano, viva donde viva, o a cualquier persona que esté en Venezuela. Bastará con que me lo solicite en los comentarios o mediante un mensaje de texto al +1 (612) 229-4292, preferiblemente por WhatsApp.
También quiero donar íntegramente las regalías que reciba por las ventas de todos mis libros desde el 24 de junio de 2026 a organizaciones que apoyan a las personas afectadas por los terremotos en Venezuela.
Si crees que este libro puede acompañar a alguien en este momento, ojalá puedas hacerle llegar este mensaje.



