Vladimir, Corneta, el inventor

Mucha gente cuando está abrumada hace algo para consolarse. Mi hermano Gustavo, por ejemplo, pedalea en su bici mientras llora cuando un duelo lo visita. Hay quien hornea tortas, arma rompecabezas o pinta acuarelas. Yo escribo. Sin embargo, hoy no se me ocurrió y en cambio me fui a caminar en un día gris y lluvioso.

Ayer en la madrugada, Vladimir, mi hermano mayor desencarnó. O como me gusta decir, dejó atrás ese carapacho que llamamos cuerpo. Mi mamá, que lo vio antes de que lo cremaran, pudo verificar la sabiduría de la vida y la dulzura del milagro en su rostro:

– ¡Estaba buenmocísimo! – me dijo -¡Bello! !Bello! Con un perfil hermoso y relajado. Con una placidez como no lo había visto. Lo besamos todo lo que pudimos para despedirnos. Y lo mandé feliz de saber que ya está como siempre quiso: libre y sin depender de nadie.

Así, Vladi también nos dio oportunidades para momentos de extraordinaria ternura espiritual a través de mi mamá y de tantos ángeles que nos ayudaron y animaron en los momentos más duros.

Las últimas semanas fueron intensas, de diligencias imposibles y rendiciones inhumanas. Vladi, en su mejor estilo, se fue dormido, tras habernos reunido en amor para sus cuidados.

Eso sí, antes de partir, aun en su sopor, se deleitó con unas gotas de jugo de melón. Tras recibirlas, se lamió los labios y desplegó una sonrisita sospechosa como la que tenía mi papá cuando se fue. Como de alguien que sabe que lo que viene es bueno. Y ya sabemos que Vladimir gozaba al máximo de los placeres de la mesa. O sea genio y figura…

Sus amigos de la universidad y de la coral las Voces Oscuras lo llamaban “corneta” porque imitaba las cornetas de los carros antiguos (“erugue, erugue”) con gran fidelidad. Usaba esto para llamar la atención y organizar a su audiencia cuando había algo que resolver. La gente se enfocaba y de paso lo hacía riendo.

Su sentido del humor es famoso. De chistes buenísimos y de los malos que dan más risa. Una vez estábamos en el cine y la gente hacía mucho ruido con los envoltorios de las chucherías. Entonces se paró con su pote de cotufas y empezó a lanzarlas en arco, como quien alimenta gallinas, mientras decía “pico, pico, pico, pico ¡coman, coman que a eso vinieron!”

Pues hoy hicimos las diligencias para que el carapacho de Vladimir vaya a nuestro destino común: polvo. Como no puedo estar físicamente con mi familia en Venezuela se me ocurrió salir a caminar para domesticar el dolor y recordar que mi hermano sigue con nosotros.

Hace frío y llueve aquí en Minneapolis donde vivo. Al poco tiempo de estar caminando veo unas tres lombrices de tierra en la carretera. Con un palito las recojo y las deposito en el monte. Unos pasos más adelante, noto que hay decenas de lombrices por todo el pavimento. Para mi asombro las cantidades aumentan en el trayecto que me queda.

Ya cerca de casa, escucho dentro de mí la voz de Vladimir que me dice “Maru ¡por favor! busca un pote y recoge las que puedas. Úsalas en tu jardín.”

Aquí, vale apuntar que Vladi era (¿o es?) mandón, multi-talentoso e inventor genial. En la familia lo llamamos MacGuiver. Ingeniero agrónomo, cantor de coral, paramédico, experto en necesidades especiales y bombero de pasión, jardinero, paisajista y pare usted de contar. También profesor adorado por sus alumnos en tecnológicos, universidades y en donde quiera que tuviera la oportunidad de lucir su increíble erudición.

Me temo que no tengo el conocimiento o el espacio para listar sus emprendimientos y sueños, la mayoría de los cuales naufragaron callada o estrepitosamente sin que eso lo desanimara a seguir inventando. Era capaz de concebir, diseñar y fabricar cualquier cosa a partir de un clip, una liguita y una reacción química. Como MacGuiver, pues.

Volviendo a las lombrices, medio regañada me apresuro a seguir instrucciones de Vladi y a recoger recursos para mi compostero cuando escucho de nuevo su voz que me dice “Y de paso siéntate a escribirme mi despedida que no te he visto ni la intención”

Así que aquí estoy. Haciendo caso. Todo sea dicho, lo único que vi que derrotara al inventor incesante de mi hermano fueron los fallos de su cuerpo y su incapacidad para cuidarse y cuidar a sus seres más adorados. Por eso me conforta que ya sea libre, que el carapacho que le falló ya pronto esté circulando en el universo en forma de partículas.

Que su alma tenga ahora los medios para que ¡por fin! -sin limitaciones humanas- pueda expresar el amor tan grande por los suyos. Algún transmisor inventará para eso ¡se acordarán de mí!

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Maury
Maury
2 years ago

Siempre un hermoso escrito para quien se despide de este plano.
Hoy nuestra querida Nelly nos contaba que unos días antes, durante la hospitalización, Vladimir la recibió durante la hora de la visita. Nelly tenía calor y se quitó un suéter que llevaba puesto. Vladimir desde su cama comenzó a silvar como si se tratara de una “estriper”. Siempre jocoso, siempre un chiste, siempre haciendo reír a todos.
Gracias por este bonito escrito para nuestro querido hermano. 💜

Lucia Duran
Lucia Duran
2 years ago
Reply to  Maury

Me encanta la belleza con que describes a esta alma. Vladimir y yo hubiéramos compartido el payaseo y el sentido del humor jajaja.

Hernan Rendon
Hernan Rendon
2 years ago

Gracias Maru. Por contarnos para asi conocer mas a Vladi. Que Dios lo tenga en su Gloria! Amen!

Isabel Carreño
Isabel Carreño
2 years ago

Hermoso Maru, y si, no tengo dudas que ahora es libre, Dios lo cuida.

Anonymous
Anonymous
2 years ago

Hermana que forma tan bella de describir a tu hermano y despedirlo en este nuevo camino. Eso es lo que siento de mis seres queridos que han partido, que se han ido a un nuevo viaje y que me dejan todo lo bello que sembraron . Mil Bendiciones

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