
El dolor, en su íntima universalidad, es el hilo que une la trama de toda adicción. Puede ser emocional, espiritual o incluso físico, y no hay adicto que no trate de evitarlo. Con el tiempo la adicción, que antes lo anestesiaba, lo agrava, intensificando nuestra miseria.
Paradójicamente, sanar requiere cambio, y el cambio también implica cierto nivel de dolor. Por eso es útil distinguir tres tipos de dolor:
**El Dolor de la Sanación**
La recuperación supone resistencia y dolor porque implica enfrentar lo que hemos evitado por tanto tiempo: nuestras heridas y emociones no resueltas. Si al trabajar la recuperación sentimos dolor, como tras una cirugía, puede ser una señal positiva de que estamos avanzando. Este dolor, primo hermano del duelo, indica que estamos dejando atrás lo viejo y abriendo espacio para algo nuevo. Lo reconocemos porque nos visita con esperanza y sin obsesiones.
**El Dolor del Crecimiento**
Como un niño que aprende que sus deseos no siempre se cumplen, en la recuperación vivimos frustración, impotencia, rabia, celos, envidia y lo vivimos genuinamente, sin anestesiarlo ni disfrazarlo. El crecimiento también nos obliga a cuestionar nuestros comportamientos auto-derrotistas que antes creíamos que nos protegían. Afrontar esta transformación duele, pero nos acerca a una vida más auténtica. Reconocemos el dolor del crecimiento porque mejora mucho con el juego.
**El Dolor de la Codependencia**
La codependencia, con sus obsesiones y compulsiones, conlleva el único dolor que puede ser opcional. El afán de perfección, la necesidad obsesiva de complacer, la evitación o el control excesivo son comportamientos diseñados para protegernos, pero que terminan saboteando nuestras relaciones y nuestra paz interna. Es el dolor de sentirnos responsables de todo, depender de la validación externa e ignorar nuestras necesidades. Casi siempre lo reconocemos porque se adhiere a una “historia injusta”.
Puede que nuestras historias codependientes sean habitaciones desordenadas que habitamos. Algunas nos exigen abrir ventanas, otras nos invitan a salir. Todas esperan que aprendamos a vivir entre sus sombras para comprobar que con recuperación (perspectiva, auto perdón y ligereza) podemos hallar belleza y verdad en lo que antes creíamos desastre. Un día a la vez.




Una nueva perspectiva para mi. Gracias