
En marzo del 2012, visitando Caracas, decidí quedarme en un hotelito. El “botones” con ese desparpajo caraqueño -que con frecuencia añoro- apuntando mis audífonos me pregunta que qué estoy escuchando. Le contesto que unas charlas.
– ¿No es música? – continúa el jovencito, casi un niño, determinado a saber.
– No mmm son más bien como unas clases -contesto un poco desubicada.
– ¿Sobre qué? – insiste el muchachito, confiado en que el ascensor es bastante lento y tenemos tiempo de aclarar.
– 12 pasos – contesto con la esperanza de que la verdad, con suerte, lo desanime a seguir preguntando.
– ¿Cómo los alcohólicos? ¡Eres alcohólica! – exclama, en cambio, con cara iluminada,.
– mmm…no pero me recupero de codependencia – contesto ya resignada.
– ¿Codependencia? ¿Cómo violencia doméstica? ¿Tu marido te pega?
– No… no es eso
– ¡Ah! ¿Él es el alcohólico?
En este punto me di cuenta que estaba cara a cara con los estereotipos más comunes sobre la codependencia que nunca ¡ni siquiera! me había puesto a tratar de discernir y que la oportunidad no se iba a ir a ninguna parte. Recuerdo que salí del trance preguntándole:
– ¿Alguna vez te ha obsesionado algo sobre lo que no tienes ningún control? como algo triste que te pasó, o que la política no se da como tú quisieras o alguien que no correspondió tu amor ¡No sé! frustraciones…
– si claro… pero obsesionado no sé… Sí, quizás alguna vez…
– ¿conoces personas dominadas por el “qué dirán” o pesimistas sin remedio?
– sí, eso sí.
– ¿Y conoces gente que no acepta que sus ideas no funcionan sin importar la cantidad de evidencia: siguen haciendo lo mismo esperando un resultado diferente?
– bueno, tengo una vecina que el marido llega borracho todas las noches y le pega y ella siempre lo espera con una comida caliente esperando que algún día él cambie.
– ¡exacto! eso es un ejemplo extremo, pero hay muchos casos menos obvios. Por ejemplo ¿conoces mamás que gritan a sus hijos para que cambien algo y gritan una y otra vez y los niños no cambian pero ellas siguen gritando?
– mi mamá es así…
– bueno, muchas de esas personas cambiarían si supieran cómo, pero no saben y siguen haciendo lo mismo esperando un resultado diferente. Algunas, como yo, aun sabiendo cómo cambiar no podemos con sólo nuestra fuerza de voluntad y buenas intenciones. Cuando es así puede decirse que sufrimos de un mal que se llama codependencia.
– ¡ah! gente fracasada – me repone con nueva luz en su cara.
– Bueno, depende cómo definas fracaso. Cierto que hay codependientes a los que provoca decirles “¡pare de sufrir!”, siempre en un drama, siempre atrayendo amigos, parejas, jefes abusadores. Enamorados de personas que no pueden corresponderles, o gastando más de lo que tienen, o sin usar su creatividad, desempleados y quejándose…
– Sí, claro.
– Pero los hay quienes se creen superiores y quizás son exitosos en apariencia, puede que tengan dinero o incluso pueden ser celebridades, o gente común con miles de amigos en Facebook, pero en el fondo se sienten incomprendidos y tienen que mentir, maltratar y manipular constantemente para sentirse importantes.
– ¡De esos hay montones!
– Para decirlo corto y pronto: Codependencia es la dependencia de hábitos destructivos de comportamiento y pensamiento que nos encadenan. Como los alcohólicos, muchos de nosotros nos recuperamos con Programas de Doce Pasos. La comparación con los alcohólicos sirve, además, para ver que aunque todo el mundo en algún momento tiene comportamientos codependientes, eso no significa que todo el mundo sea codependiente.
– ¿Cómo es eso?
Fíjate, un alcohólico no es quien puede emborracharse (cualquiera puede) sino quien necesita no emborracharse y, sin embargo, no sabe cómo parar. Muchos alcohólicos se auto engañan diciendo, “si quisiera parar podría”
– Como mi tío borrachín…
– De igual modo – prosigo sin dejarme arrebatar la palabra- un codependiente no es quien pueda quedarse estancado u obsesionado con un problema grave o una pérdida seria (cualquiera puede) sino quienes tendemos a estancarnos una y otra vez en obsesiones inútiles, luchas perdidas y seguimos haciendo lo mismo esperando un resultado diferente. Ahora, la codependencia es tramposa porque no siempre se ve. De hecho muchos codependientes tenemos éxito en el trabajo o en los negocios porque es una manera de compensar…
– Bueno según lo que dice – me interrumpe el chiquillo, ya llegando a mi habitación -entonces de mis vecinos con la borrachera y los golpes los dos deben ser codependientes…
Tuve que reírme. Yo no sabía si estar más orgullosa de haber ¡apenas! esbozado algo tan escurridizo o de la brillante conclusión de mi improvisado entrevistador.




Maru gracias, me encantan tus relatos, el material es hermoso, las ilustraciones son geniales, me fascina el contenido. De verdad te agradezco.
Gracias, María Sofía. ¡Cuánto ánimo me dan tus comentarios! Dicen que la palabra entusiasmo significa estar con Dios. Sigamos viniendo.