Shandy, nuestra Mamá Blanca

Como una Mamá Blanca perruna, Shandy partió antes de convertirse en una complicación. Hoy atesoramos sus recuerdos felices en nuestros corazones.

Como en un lento despertar, aun sin haber superado completamente la pandemia, comenzamos a imaginarnos una vuelta a la normalidad. Nos imaginamos ¡incluso viajando!

Todavía con muchas limitaciones debido a la cuarentena, la Semana Santa se nos ofrecía como una oportunidad para retomar algo de nuestras idas y venidas.

Justamente, mi hermana Aimara -con su gran capacidad logística- sorteó toda clase de dificultades, arregló sus bártulos y se dispuso a coger camino con su familia, desde los Andes, su tierra adoptada, hasta las calientes tierras mirandinas, con varias paradas de amor en el trayecto.

El plan más complicado, sin embargo, era cómo mantener cómoda a la abuelita Shandy, su perrita, pues se trataba de un viaje por tierra, largo, en medio de incertidumbres de combustible y reparaciones inminentes del vehículo de Aimara, otro abuelito guerrero.

Shandy, la chispeante Shandy, compañera de infancia de mi sobrino Ignacio -y familiar cercano de todos nosotros- ha estado navegando por años las aguas de la vejez. En el trayecto, ha puesto a prueba la creatividad de los suyos para satisfacer sus necesidades, mientras su cuerpecito ha ido claudicando lentamente en sus funciones.

Siempre que recuerdo a Shandy, la recuerdo saltando. De pelaje gris rizado, diminuta y de gestos nerviosos, compensaba lo que le faltaba en estatura con su capacidad para hacerse notar con sus acrobacias y su voluntad de participar fuera lo que fuera.

En los momentos difíciles -de esos que la vida a veces reparte con generosidad- Shandy siempre estaba atenta. Era cariñosisima por el puro placer y bien que se contaba con ella para demostrar que el tamaño es una ilusión y lo que importa es la buena disposición.

Ahora, si se le ignoraba o excluía, Shandy encontraba la manera de expresar su enfado y “repartir” su irritación. Esa capacidad rebelde e impetuosa causó algunas historias extravagantes con cosas rotas, inconvenientes sorpresa y la simpatía de mi mamá, quien siempre congenia con los rebeldes.

Pues bien, ya Shandy no estaba en capacidad de participar realmente en la aventura de este viaje. Ciega y sorda, plateada y casi incorpórea -como siempre fue, de todos modos- encontró la manera de declinar la travesía y se durmió dejando a mi sobrino Ignacio la penosa tarea de encontrarle un espacio en el jardín a sus huesitos.

Como una Mamá Blanca perruna, Shandy partió justo antes de que su presencia se convirtiera en una complicación. Hoy, lloramos su partida con una paradójica mezcla de ternura, nostalgia y asombro por su gentileza. Hoy atesoramos los recuerdos felices que nos dejó en nuestra memoria y corazones.

Y como Mamá Blanca, su partida fue discreta y considerada. Tanto, que la imagino humilde, como el personaje de Teresa de la Parra, diciendo “Adiós, hasta después y ¡disculpen las molestias!”

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Anonymous
Anonymous
3 years ago

Fue maravilloso conocer a la extraudinaria Shandi, Gracias Maru por tan hermosa historia.

Anonymous
Anonymous
3 years ago

Una preciosa historia de nuestra hermosa perrita que nos alegró tantos años en la familia…

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