En rescate y defensa de la autocompasión

Una pieza fundamental de mi recuperación ha sido la autocompasión. La considero parte de la herramienta de “auto-crianza” y en términos prácticos, generalmente, se traduce en poner atención a mi diálogo interior y entonces cambiar pensamientos crueles o despreciativos (sobre lo que soy o lo que hago) por frases cariñosas y de apoyo que usaría con  alguien a quien aprecio y respeto o – en casos de mucho dolor – hablándome a mí misma como le hablaría a una niñita que me cae bien.

Sin embargo, la palabra “autocompasión” tiene mala fama. Incluso en los cuartos de los programas de 12 Pasos he escuchado que se usa “autocompasión” para nombrar un defecto de carácter. Esto me parece trágico pues sin autocompasión los chances de recuperación disminuyen en progresión geométricamente inversa.

Tristemente, cuando la gente oye “autocompasión” generalmente imagina un sentimiento de debilidad y egocentrismo. Entienden “autocompasión” como “auto-indulgencia” o “auto-complacencia” quizás hacerse la víctima o darse una fiesta de lástima, algo así como flojera con falta de disciplina más un toquecito de egoísmo y desconsideración.

Empecemos por qué es importante aprender a ser autocompasivo. Sin autocompasión me es imposible aceptar que soy humana, que tengo defectos y que me equivoco. Sin autocompasión tengo que compensar mis debilidades aparentando, pretendiendo y hasta manipulando. Cuando no practico autocompasión, termino aceptando y apropiándome de pensamientos crueles y juzgadores sobre mí – que vienen a mi mente sin invitación- pero que me sumen en vergüenza y me instigan a ocultarme en lugar de invitarme a ayudar y a encontrar en el proceso felicidad y libertad.

Y resulta que no se puede tener autocompasión si no se es compasivo con los demás. La compasión es un sentimiento tan complejo que hay que practicarlo desde fuera hasta que se comprende cómo hacerlo con uno mismo.  En próximos artículos examino lo que he aprendido de las etapas de la compasión y por qué es una experiencia tan compleja que se puede diversificar hacia otros tantos lugares (evasión, juicio, indiferencia, victimización, culpa, vergüenza tóxica, rabia, perfeccionismo, etc.) para luego examinar cómo ese sentimiento reflejado hacia mí misma puede ser tremendamente retador.

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