
Hoy ha sido un día de buenas noticias y por eso he hecho una excepción. En vez de publicar el post que prometí en la última entrega —que saldrá el próximo miércoles—, voy a compartir regalos y milagros recientes.
Primero, un poco de contexto. El jueves pasado mi esposo fue sometido a un cateterismo cardíaco que ya no podíamos aplazar más. Todo parecía sencillo, salvo el escenario: un hospital en remodelación, con estacionamientos lejanos, pasillos interminables y escasez de personal.
Cuando la salud se tambalea
El procedimiento comenzó con exámenes el miércoles. Todo fue exitoso y pensábamos que lo darían de alta el mismo jueves. Sin embargo, cuando lo asistieron para pararse, debido a los medicamentos anticoagulantes, la herida que conecta con la vena por donde hicieron el cateterismo se abrió.
Justo era la hora de cambio de guardia y, aunque el enfermero prendió las alarmas, pasaron largos minutos antes de que llegara ayuda. Como resultado, mi esposo perdió gran cantidad de sangre mientras el enfermero y yo hacíamos lo que podíamos para acostarlo de nuevo y contener la hemorragia.
Mientras esperábamos saber las consecuencias de este accidente, como si el infortunio quisiera rimar, recibí un mensaje de mi hijo con la voz quebrada en sollozos: su padre había sufrido un infarto y estaba hospitalizado. Dos vidas en vilo; una en un hospital en Mérida (la de Venezuela) y otra en Minneapolis, donde vivo.
El milagro de recibir lo necesitado
Curiosamente, en vez de desesperación, sentí la serenidad que resulta de recordar y aceptar que yo no estoy a cargo; que mi única tarea es rehusarme a creerle al miedo y no estorbar en el trabajo del Amor.
Mientras limpiaban la habitación, que parecía una escena de crimen, grabé un mensaje a mi hijo para recordarle que me tenía a su lado y que su papá estaba en mis plegarias.
Hoy sábado, ya en casa, sentí la necesidad de una reunión de 12 Pasos, pero mi esposo tuvo fiebre anoche y preferí quedarme con él. Temprano, mi hijo me sorprendió con buenas noticias: los recursos para atender a su papá están apareciendo milagrosamente. Esto fue un recordatorio de que, con fe, lo que necesitamos siempre llega. Ya habría otra forma de recibir la reunión que yo necesitaba.
Y así fue. Una compañera de CoDA me escribió a propósito de mi último post (El Amor, mi Mamá y sus Confesiones) sobre la relación con mi mamá. Me conoce desde hace años, fue mi ahijada y le consta el milagro que supone que mi mamá me hable como lo relaté. Esa conversación, una codependiente hablando con otra, se convirtió en mi necesitada reunión.




Presence, faith, next right thing and surrendering to your HP/God, who is always there. Thank you for sharing this Maru. Humbling and hopeful story of your experience 🙌🙏