Hay una anécdota que cuenta Margarita Nieto, una mexicana investigadora del aprendizaje espontáneo de la lectura, a quien tuve el privilegio de ver en persona en una conferencia en Venezuela, cuando me ocupaba de esos temas. En esa conferencia escuché la anécdota que comparto de seguido.
Resulta que tras la misa dominical, una de las nietas de Margarita Nieto -en ese entonces de unos 7 años- le preguntó:
– ¿Abuela qué significa “Amén”?
Nieto, una enamorada de las palabras, le explicó lo mejor que pudo y le prometió investigar tanto sobre el origen de la expresión como el de la costumbre de rematar plegarias, peticiones y diálogos espirituales con “Amén”.
Al día siguiente, la nieta la sorprendió con este hallazgo:
– Abuela no te preocupes, ya entendí qué significa “Amén”.
Sin esperar más, le explicó:
– Amén quiere decir “enter”. Como cuando estás haciendo algo en Internet y ya lo tienes listo y le das a la tecla “enter” entonces ¡sabes que lo mandaste! Igual con una oración a Dios; uno la dice y con “Amén” ya sabe que la mandó.
Hoy en día, ruego por encontrar la profunda simplicidad de esta niñita en mi comunicación con Dios. Enter.



