Bueno, este es el cuento para preguntarnos ¿y si he vivido por largo
tiempo prisionero de lo que creo? Lo cuento como lo recuerdo. Es una alegoría, así que poco provecho (aunque algo de risa) se puede ganar encontrando todos los fallos logísticos que tiene la historia (ya me imagino a mi hermano Vladimir, a quien dedico este post por su cumpleaños, haciéndose las preguntas pertinentes).
El encanto va en que muestra alegóricamente la manera limitada como a veces vivimos, tratando de ver con recursos limitados, sin darnos cuenta cómo nuestras propias creencias pueden mantenernos prisioneros.
Un valiente caballero fue hecho prisionero por su enemigo jurado. Lo encerraron en una altísima torre de piedra con una pequeña ventanita con barrotes de hierro ubicada mucho más alta que su propia estatura, así que entraba algo de luz del exterior pero no servía para mirar afuera. La celda apenas tenía lo mínimo para mantenerlo vivo.
Así mismo, tenía una puerta sólida que se abría una vez al día para que un par de guardias le pasaran un cazo cuyo contenido apenas podía calificarse de comida. A pesar de sus gritos y ruegos nunca los guardias le hablaron ni reconocieron su presencia.
Al principio, el caballero gastó incontables días tratando de escalar a ver cómo podía mirar fuera por la ventanita. Quería saber dónde le tenían prisionero para tratar de diseñar un plan para escapar. Así logró crear con girones de su ropa una precaria cuerda que usaba para escalar y escasamente ver el castillo al que pertenecía la torre, así como los valles y prados que se extendían fuera.
Luego palpó una por una las piedras de su celda a ver si con tiempo podría abrir un boquete pero no tenía herramientas ni manera de fabricarlas. También intentó jalar la puerta para ver qué tan sólidos eran sus picaportes pero ninguno de sus esfuerzos lograron ni un temblor de la estructura. Resignado, creo un sistema para ir contando los días y no perder la noción del tiempo.
Pasaron veinte años y el caballero fue perdiéndose en sus imaginaciones torturado por su aislamiento, hasta que un día decidió que ya que no podía seguir viviendo de esa manera. Al menos podría matarse y acabar con semejante horror de vida. ¿Qué hacer? Incluso para suicidarse hace falta algo de logística.
Entonces pensó “si ataco a los guardias que traen mi comida seguramente me matarán”. El plan tenía un fallo ¿cómo hacer se sintieran en peligro suficiente para matarlo? Si no alcanzaba ese efecto solamente lograría que lo empujaran como una mosca molesta quizás solamente lastimándolo y aumentando su miseria.
En preparación para su ataque se le ocurrió comenzar a practicar con la puerta arremetiéndola con todo su peso. Para su sorpresa, apenas empujó la puerta, ésta cedió abriéndose sin dificultad. La misma puerta que sus carceleros abrían tan pesadamente hacia adentro no opuso ninguna resistencia hacia afuera. Confundido por tan inesperado efecto se dio cuenta de que un par de guardias estaban al final del pasadizo que conducía hacia su libertad. Aterrorizado, comprendió que tendría que provocarlos y precipitar así su plan: o lo mataban o lo dejaban ir.
Sin embargo, los guardias ni se molestaron en mirarlo cuando lo vieron correr desesperado hacia la salida. En su camino encontró otros guerreros que ni se inmutaron con su presencia. Así llegó a la salida del castillo sin que nadie lo importunara. Entonces con infinita desesperación, el caballero adivinó que su mortal enemigo había consumado el más cruel de los castigos: lo había encerrado por veinte años usando su propia falsa creencia.




No me gusta considerar cuántos pensamientos míos me tienen enjaulada…
La buena noticia que no es tu trabajo descubrir eso, Linda. Nosotros “en los cuartos” tenemos la suerte de confiar que nuestro trabajo es mantener la mente abierta y lo que necesitamos saber será revelado en el momento oportuno. Un gran cariño y gracias por leerme.
¿Y si no te das cuenta de que estas encerrado en cualquier cantidad de creencias? ¿O simplemente ni te importa porque muchas veces son esos “escondites” de los que sólo nosotros conocemos?
Me encanta como escribes tía! Te amo y extraño un montononón!!
Mi rey querido, si sólo por este comentario tuyo, el trabajo que me da escribir el blog, vale la pena. Te quiero montones y también te extraño.
Mil gracias por la dedicatoria.
Jejejeje. Fe de erratas: En el comentario anterior, donde se lee: “Anónimo”, debería leerse: “Vladimir, El Cunpleañero”. Besos.
Nueva Fe de Erratas. Cumpleañero por Cunpleañero
Ya lo único que nos falta es, como decía un estudiante mío, la “fe de ratas”. Jejeje. Besote, Vladi.