
Yo sé que soy codependiente cuando me digo “¡no me puedo creer que hice esto otra vez!” al, por ejemplo, permitir un abuso, ignorar una señal de alarma, molestarme con alguien por algo que yo inicié, hacer planes imposibles de realizar o torturarme mentalmente.
En mi última entrada, prometí compartir mi experiencia con los Patrones de Codependencia, una herramienta que me ha cambiado la vida. Y aquí ando, torturándome por no ser capaz de contar lo que prometí ¡No me puedo creer que esté haciendo esto otra vez!
Empecemos por algún principio. Llamamos “herramientas” a algunas prácticas que nos ayudan a sanar y crecer. Ejemplos de herramientas son las lecturas, el madrinazgo, la gratitud, la auto-crianza, las llamadas telefónicas, los dichos, etc.
Pues hay un dicho que reza “Análisis es parálisis”. Y eso es exactamente lo que me pasa: quiero decir tantas cosas de los “Patrones de recuperación” que me paralizo en vez de comenzar y hacer “algo” con humildad. Humana e imperfectamente.
Este problema ¡qué puntería! está descrito en los Patrones. Se trata del número 21, un patrón de baja autoestima:
El defecto de carácter que se manifiesta en este patrón es el perfeccionismo, hermano gemelo del terror a equivocarse. Es posible que yo haya desarrollado esta manía perfeccionista (que me paraliza en el intento) porque crecí en un ambiente en el que ciertos errores no se toleraban. Quizás lo aprendí para compensar sentimientos de inferioridad o para protegerme de sentirme vulnerable ¿quién sabe?
Sé que con sus cinco categorías (negación, baja autoestima, complacencia, control y evitación) y sus 55 patrones, esta herramienta de recuperación me ayuda continuamente a ver en dónde está la codependencia cuando me encuentro repitiendo “no me puedo creer…” En la próxima entrada cuento cómo -al escribir lo que acaban de leer- pasé de la columna codependiente a la columna de recuperación con la ayuda de un “ángel”.





Espero la próxima entrada. Bien por esos “Ángeles”
Gracias Maru!,