
Mi padrino de CoDA siempre me dice “no te apegues a tus respuestas, Maru, que las preguntas van a cambiar”. Resulta que, en medio del conflicto que relaté en mi post Las Felices Fiestas, a alguien se le ocurrió que podía usar una amenaza en mi nombre para controlar a una de las personas involucradas: “Si no haces tal cosa, Maru te va a quitar tal regalo”. Y la amenaza surtió efecto, según me contaron.
Con un gran peso en mi corazón, aclaré que cuando uno regala algo, ese algo ya no le pertenece. Yo no intentaría algo así. “No vayas a decir nada” me aclaró quien me contó “que los que estamos lidiando con la loquera somos nosotros aquí y esa mentira funcionó.”
Yo sé que estoy en territorio espiritual cuando mi cabeza no tiene la más remota idea de cómo solucionar un dilema. Me parte el corazón pensar que la persona “controlada” crea que yo soy capaz de quitarle algo regalado, por muy desconsiderada y agresiva que esta persona haya sido con quienes no le han puesto límites con consecuencias en su debido momento. Al mismo tiempo no quiero interferir con una dinámica en la que no estoy físicamente presente.
¿Qué hacer en una situación así? En los programas de Doce Pasos recomiendan “herramientas” es decir medios con los que uno trata de tranquilizar la cabeza para poder percibir lo que sólo una intuición más grande (Inteligencia o Intuición Universal, Dios, Poder Superior o como se le quiera llamar) puede proveer. Algunas herramientas son, por ejemplo, la oración, las lecturas de programa, la gratitud, el autocuidado (que incluye gentileza con uno mismo y límites saludables), la escritura, madrinazgo, conexión con gente en recuperación, etc.
Así que usando la aplicación WhatsApp, dejé un mensaje a una compañera en recuperación contando los hechos despojándolos lo más que pude de interpretación (esto es imposible, pero debe intentarse). Su amorosa respuesta vino de su experiencia con los Programas de Alanón, es decir programas que ayudan a la sobrevivencia con la enfermedad del alcoholismo.
En pleitos semejantes es imperativo “ver un poquito de verdad en cada persona”, pues por muy equivocado que alguien esté siempre es posible que posea algo de razón. Esto me ayuda a no demonizar a nadie y sobre todo a no afiliarme a facciones de los correctos versus los equivocados.
¿Qué hacer con mi integridad? La recomendación fue esta: No ocasiones crisis pero no la evites. Es decir que no voy a apurarme a “corregir lo que pasó” pero no seré cómplice de una mentira dicha en mi nombre y sin mi autorización. Si alguien me pregunta voy a decir lo que es cierto. Nunca hice ese pedido.



