
En un par de posts anteriores (Hiper Responsabilidad Codependiente y Aprendiendo a Confiar) y conté cómo una experiencia traumática junto con la oración y la meditación me llevaron a una reunión de Codependientes Anónimos. Hoy quiero compartir lo que viví allí y por qué las reuniones son vitales para mí.
Desde que llegué a la reunión sentí alivio. A mi turno pude hablar de mi día y llorar. Esa descarga reguló mi sistema nervioso y me permitió soltar la tensión que traía acumulada desde el accidente que relaté en otro post. Compartí mi vergüenza tóxica con personas que entienden de qué hablo y, al mismo tiempo, escuché a cada miembro hablar de la solución en el programa frente a sus propios dilemas.
El tema de la noche fue el Décimo Paso. La oradora habló de control y evitación y de cómo observarlos en el inventario diario. Escucharla me recordó que la recuperación no es teoría: es práctica cotidiana, una y otra vez.
Lo más sanador fue sentir que no estaba sola en mis patrones. Cada quien relataba su manera de aplicar las herramientas de CoDA y todos lo hacían desde la búsqueda de solución, no desde la repetición del problema. Eso me conectó con la esperanza.
Al final de la reunión, durante el rato social, alguien se me acercó y me pidió permiso para comentar sobre lo que yo había compartido. Acepté. Sus palabras me conmovieron: me habló del significado metafísico de que el auto me hubiera evitado; quizás no me correspondía ser parte lesionada de aquel accidente. Y también que la persona que iba desmayada en su auto tiene un destino y un Poder Superior. Este compañero me invitó a considerar que, aunque no lo entienda todavía, lo ocurrido fue para el mayor bien. Si hubiera atravesado mi auto para tratar de salvar a esa persona, tal vez habría creado más dolor innecesario. Habría interferido.
Escuchar esa interpretación me abrió un espacio de paz y gratitud. Ese día confirmé que la voz de Dios puede llegar a través de cualquiera. Y entendí también que, aunque hay reuniones de 12 Pasos —quizás especialmente en CoDA— que aún no han madurado para ser saludables y centradas en la solución, un Poder Superior amoroso y competente siempre puede guiarme hacia lo que necesito. Como dice un amigo mío, refiriéndose a las reuniones de 12 Pasos, “Para vivir en la Verdad, conviene que uno esté en el barrio que la verdad visita”



