¿Por qué Manual de Vida?

Hace poco, en medio de una tragedia familiar, mi mamá se lamentaba de que venimos a esta existencia sin un manual de vida. Ese día pensé “Yo sí tengo un manual de vida; el Libro Grande de AA”. El Libro Grande es la obra fundacional de “doble A”, la fraternidad de los Alcohólicos Anónimos.

Soy codependiente además de comedora compulsiva. Me recupero en dos fraternidades seguidoras del modelo de los Alcohólicos Anónimos. Ellas son OA para la adicción a la comida (CCA o Comedores Compulsivos Anónimos en español) y CoDA para la codependencia. Mucha gente estas enfermedades sin saberlo y sus síntomas (como la obesidad y la compulsividad) son incomprendidos y estigmatizados como lo han sido el alcoholismo y la drogadicción. Ambas fraternidades, debo decirlo pronto, son comunidades de apoyo, gratis, accesibles a cualquiera y asentadas en la absoluta libertad de pensamiento y credo religioso.

Si yo no soy alcohólica ¿por qué habría de usar un libro para alcohólicos? Encontré el Libro Grande en un momento personal de profundo caos mental y desesperación, aunque a juzgar por mis apariencias se hubiera dicho que me estaba yendo bastante bien. Y digo “encontré” porque CoDA y OA tienen literatura propia y por tanto no usan corrientemente literatura de los Alcohólicos Anónimos.

El Libro Grande fue escrito como un manual para escépticos, rebeldes, agnósticos y ateos pero también para creyentes sufriendo por problemas que su religiosidad no podía resolver. Escrito por alcohólicos y dedicado a los alcohólicos y sus familias, este libro, paradójicamente, apenas se ocupa de la bebida. Se trata de un texto, déjenme decirlo de una vez, de espiritualidad y aclaro que yo solía interrumpir la lectura, si me encontraba con esta palabra.

Anticipando lectores como yo, el Libro Grande explica que la mejor fórmula para mantenerse ignorante es despreciar una idea antes de investigarla. Yo, como muchos otros, cuando no encontré salida a mi dolor emocional o a las “relaciones fatales” que seguían apareciéndoseme, cuando las terapias, la autoayuda o las conquistas románticas y profesionales resultaron vacías, pude reconocer la coincidencia visitándome y me arriesgué a hacer el ridículo investigando. Y como millones antes que yo, suspendí el debate mental, hice cosas en las que no creía y obtuve resultados que no pude negar.

Haciendo esto, he aprendido que -independientemente del caos externo, de las altas y bajas de la vida- puedo alcanzar y confiar en mis reservas interiores de serenidad y creatividad a través de principios increíblemente sencillos y espirituales como la filosofía de vivir en el presente, un día a la vez.

Parte del atractivo del Libro Grande es que está escrito como testimonio -algo que ya funcionó- y no como propuesta teórica; algo que podría funcionar. Este texto de AA muestra detalladamente cómo con 12 Pasos -de allí el nombre de los Programas- unos borrachos desahuciados por la ciencia médica pudieron remover resentimientos, remordimientos y miedos, es decir los bloqueos con el presente y las distorsiones del pensamiento que los mantenían en la compulsión de beber o, dando un salto a mi historia, perturbaciones que animan la compulsión de comer para medicar sentimientos o la necesidad debilitante de controlar experiencias inalcanzables.

En este blog cuento mi relación con este libro, las herramientas que he aprendido a usar dentro de mis programas, mis lecturas y películas frecuentemente vistas con los lentes de la recuperación y también cuento mi proceso con una novelita que escribí, en la que la protagonista es una profesora codependiente enredada en un misterio durante un seminario sobre codependencia (cualquier parecido con la realidad ¡es pura coincidencia!). Quizás más importante para mí, en la sección ‘Si yo fuera tú’,  una columna de preguntas y respuestas, invito a la discusión de las dos enfermedades compulsivas que he llegado a conocer íntimamente: la codependencia y la adicción a la comida.

Finalmente, quiero dedicar este blog a mi mamá, a quien culpé por mis inseguridades y fallos por tanto tiempo (cuando me volví madre descubrí que las mamás fueron inventadas para eso ¿no?), a mi hijo fuente inagotable de sorpresa y ternura y a mi esposo, Brad Ruzicka, quien ha sido el apoyo más infatigable que yo haya conocido. Y ¿cómo no? también lo dedico al Libro Grande de AA que para mí ha sido nada menos que un Manual de Vida.

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