Muchos de nosotros sabemos el efecto que tiene la oración y la meditación en nuestras vidas pero también nos preguntamos ¿hace alguna diferencia en las personas a quienes dedicamos nuestras meditaciones e intenciones amorosas? Por ejemplo, si oro porque llegue paz y consuelo al corazón de una amiga que sufre una pérdida muy dolorosa ¿esta oración puede que además de darme consuelo a mí, le dé alguna clase de beneficio a mi amiga?
Hace no mucho, unos científicos de uno de los Institutos de Medicina Integral en New Jersey (US) decidieron estudiar los efectos de la oración (es decir el acto de rezar, no la oración del habla) y medir sus efectos en los destinatarios de estos rezos.
Según entiendo, este estudio forma parte de uno más grande relacionado con el efecto de la interacción humana en el fortalecimiento del sistema inmune y llegó a mi conocimiento a través del Centro para el Cultivo de la Compasión y el Altruismo de la Universidad de Stanford, en California (US).
El diseño de la investigación, aunque simple, es ingenioso. Los investigadores aparejaron voluntarios en cubículos. En cada cubículo había una persona a quien se le dijo que estaban estudiando los efectos fisiológicos de la lectura y, por tanto, la conectaron a monitores que vigilaban la sincronía de su corazón con la respiración, la presión arterial y ciertos centros nerviosos relacionados con el placer y la expectativa de recompensa. Estos rasgos fisiológicos, por supuesto, no fueron tomados al azar sino que son aspectos que se activan muy claramente y se pueden medir cuando se experimenta bienestar, paz y armonía.
A la otra persona, en cambio, se le entrenó para orar por la persona con quien compartía el cubículo mientras fingía leer. Ejemplo de los rezos que podían practicar son “Que esta persona se libre de su sufrimiento y sienta paz”, “Pido al Universo alegría y prosperidad para esta persona”, “Que Dios Todopoderoso traiga bienestar a esta persona”, “Ruego a mis Santos que esta persona alcance su mayor bien”, etc.
Como se ve, los investigadores dieron libertad a los “rezanderos” para escoger su oración preferida (convencional o no) siempre que estuviera acorde con una creencia sincera. Sin embargo, tenían que pretender que leían mientras oraban mentalmente, manteniendo la mirada en un libro y pasando la página de cuando en cuando. Para asegurarse de que los resultados tenían que ver con el poder del rezo, los investigadores monitorearon un grupo control, con parejas similares pero en este grupo todas las parejas de voluntarios estaban realmente leyendo.
Los resultados fueron más impresionantes de lo que los investigadores esperaban. Todos los participantes de la muestra experimental, los que estaban leyendo pero eran destinatarios de las meditaciones y rezos secretos de sus compañeros, alcanzaron en menos de 10 minutos un incremento significativo de todos los valores relacionados con el bienestar: mejor presión arterial, más sincronía entre la respiración y el corazón así como activación de los centros cerebrales de placer y anticipación del placer. Estos cambios no se registraron en el grupo de quienes estaban simplemente leyendo.
Estos resultados concuerdan con los del Centro de Investigaciones del Cerebro de Viena (Austria) en donde investigadores, siguiendo un procedimiento más complicado y con personas que no estaban próximas, encontraron que quienes eran objeto de las oraciones percibían un incremento del bienestar cuando otras personas se concentraban en enviarles amorosos rezos y meditaciones.
Este conocimiento -que es reciente para la ciencia occidental- forma parte sustancial de la mayor parte de las religiones y sabiduría milenaria de la humanidad y, sin embargo, representa un vigoroso recordatorio para quienes hemos sido infectados con el germen del escepticismo y, como la ciencia occidental, queremos “pruebas” del poder del amor. El Libro Grande de AA, ese infinito Manual de Vida, siempre nos recuerda que nuestra sanación depende de aceptar la vida en términos de la vida y la meditación y la oración forman parte integral (en el Onceavo Paso) de la vida en recuperación.
En cualquier caso aprovecho para agradecer la buena vibra y energía que me llegó de mis cariños que supieron que estuve enferma las semanas pasadas. Sin monitores ni cachivaches, yo sé que me ayudaron a sanar.





Gracias por este informe, que me asegura que al rezar yo por el bienestar de la gente que me fastidia, no solo me alivio de mi ira, pero también les ayudo a ellos. ¡Es un encanto oír eso!