“El geniecillo exquisito y mal documentado que aproximando su boca al oído de Mamá le dictaba atolondrado nuestros nombres acertó una vez. Su acierto fue funesto. No hay que tener razón (…) Aurora fue la Aurora”
Así reza uno de los dos párrafos de la novela “Memorias de Mamá Blanca” que la profesora María Herminia nos hizo memorizar como parte de nuestra educación en literatura. Esta parte de la novela cuenta cómo una de las hermanitas de la protagonista resultó bien nombrada (“Aurora fue la aurora”) por su impráctica y fantasiosa madre y cómo temprano, como la aurora, mostró su belleza y se marchó, muriendo con apenas siete años.

Mi perra Grace (Gracia en inglés) murió esta semana. Y el recuerdo de aquel párrafo que memoricé hace tanto tiempo sigue viniendo a mí transformado en “Gracia fue la Gracia”.
Cuando conocí a Grace tenía cuatro años y era inseparable de su compañero de vida, mi otro perro Tucker, quien murió en el 2012. Grace vivió en total 15 años, una larga vida de amor, servicio y recuperación. Fue mi amiga, cómplice y compañera de reuniones de CoDA.

Según mi esposo, ella es la razón por la que tengo padrino en codependientes anónimos pues mi padrino y, hoy en día buen amigo, tras declarar que yo no le gustaba “por controladora” admitió que le encantaba jugar con mi perra y que haciendo esto e ignorando mis planes para “mejorar” CoDA (el programas de 12 Pasos para codependientes donde nos conocimos) me estaba haciendo un gran servicio. El tiempo probó que estaba en lo cierto. Su primer servicio como padrino fue jugar con mi perra e ignorar mis intentos de control.
Grace nació en una granja en la que la explotaban para que reprodujera cachorros. Era una perra muy bella de una raza apreciada por su instinto cazador. Cuando estos perros los destinan para cazar, usualmente, les mutilan la cola que es hermosísima larga y palmeada y por eso se enreda en el monte con cuanto encuentra. Como no la querían para cazadora se salvó de que le mutilaran la cola. Sin embargo, hasta que la rescataron, no se salvó, de una vida en reclusión, con maltratos y abusos que moldearon su carácter y sensibilidad.

Al principio, mi relación con esta perra no fue fácil. Era muy celosa de Brad (mi esposo quien la adoptó tras su rescate) y estoy convencida de que era codependiente. Me explico: tenía dificultades para confiar, una mentalidad catastrófica (su primera adivinanza siempre se basaba en el miedo) y ladraba histéricamente cuando algo cambiaba en su ambiente, por ejemplo, si alguien venía a visitarnos.
También se volvía incondicional – incluso contra sus intereses- cuando percibía aprobación. Tenía una súper sensibilidad hacia los sentimientos de otros, no sabía jugar, le costaba mucho relajarse ante lo desconocido y siempre encontraba la manera de tratar de controlar aunque en el intento se hiciera daño y los resultados fueran contrarios a su deseo. Creo que hice mi caso de que era una perra codependiente.

Cuando murió Tucker -su perro compañero- hace ya siete años, Grace comenzó a tener ataques de pánico. Comenzaba estornudando una y otra vez, le daba como una asfixia y se desmayaba. Ya yo estaba bastante golpeada con la muerte de mi otro perro para atestiguar estos desmayos y aunque una amiga me explicó que desmayarse era la manera como la naturaleza lidiaba con el ataque de pánico (desconectando las ideas sobre la incomprensible ausencia y regularizando la respiración) comencé a llevarla conmigo a todas partes. Así terminó Grace asistiendo a las reuniones de CoDA en donde todo el mundo la confundía con una cría pues hasta muy avanzada edad tuvo la agilidad, aspecto y energía nerviosa de una cachorrita.

Cuando Grace comenzó a ir a CoDA, yo ya había intentado que ella socializara y aprendiera a jugar con otros perros, cosa que nunca logró, aunque recuperó la memoria de apuntar con la pata cuando veía ardillas, conejitos y saltamontes grandes, como lo hace su raza cuando está cazando. Hasta por cómica, Gracia fue la Gracia.

En las reuniones de CoDA Grace fue amorosamente bienvenida. Prodigiosamente, su instinto la guio a servir, algo fundamental en toda recuperación. Así, se acercaba a cualquiera que ella percibía que estaba sufriendo y bien les lamía con exquisita suavidad o se dejaba acariciar. Era especialmente delicada y cariñosa con los recién llegados y he escuchado que fue el instrumento que Dios usó para que algunas personas persistieran yendo a las reuniones en busca de recuperación. Gracia fue su Gracia.
También, como buena codependiente, se sentía amenazada por cualquier rechazo así que yo tenía que estar muy pendiente de que no se les impusiera a un par de personas que le mostraban desagrado en las reuniones.
Uno de mis amigos en recuperación siempre decía que titulará sus memorias “Lamido por la Gracia” refiriéndose a la afectuosa manera como Grace lo acompañó en los tiempos en los que se estaba divorciando y luchando por la custodia de sus hijos pero también aludiendo a la enorme Gracia que encontramos en el programa de CoDA. Gracia fue la Gracia.
En Hazelden, una editorial, escuela de terapeutas y centro de rehabilitación para adictos y alcohólicos, también recuerdan a Grace con afecto. Yo suelo ir a las charlas de esta institución con mi padrino y Grace. Allí, incluso en sus últimos años, cuando ya no podía echarse cómodamente por su artritis, Grace reconectaba con su instinto de amor y protección y se dedicaba confortar a las personas que lo necesitaran. Gracia fue la Gracia.
Dios bendiga el sanador amor de otra amiga en recuperación quien en las actas de las reuniones intergrupales de CoDA, más de una vez registró que asistieron “tantas personas y una perra”. Esa perra era Grace.
Yo no sé si continuaré extrañándola como hoy “tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento” como describe el verso del poeta Miguel Hernández, inmortalizado por Serrat, el cantautor. Ciertamente, hoy creo que no hay que tener razón. Grace fue simplemente nuestra Gracia.




😢😢😢
Muy hermoso, Maru. Grace debe estar dulcemente lamiendo tu mano, agradeciendo desde el cielo de los perros este lindo homenaje. 😔