Flora, la de la cola de látigo

La inconveniencia es importante y difícil de aceptar. el dolor, decepción, accidentes y pérdidas nunca llegan en un momento conveniente.

La inconveniencia es una característica de la vida importante y difícil de aceptar. A nadie le llega un problema, un dolor, una decepción, un accidente o una pérdida en un momento oportuno. Así nos ha pasado como familia al finalizar este agosto del 2021: intensa alegría e intensa pérdida.

El domingo 22 de agosto nuestra Flora querida, la perra de mi sobrino Adán, descansó, ya viejita y agotada de luchar con sus muchas dolencias. Y esto en medio de las fiestas que teníamos porque este sobrino estaba creando belleza, invitado como chelista al Festival de Lucerna, Suiza. (Puedes maravillarte con su talento con unas poquitas piezas que comparte y que puedes ver pulsando aquí)

Cuando Flora llegó a nuestras vidas me asombró la manera como conquistó a mi hermanita Maura, quien -si recuerdo bien- siempre fue negada a ponerle su corazoncito a una mascota, especialmente a una perra grande y llena de energía que se apretujaría con ellos en el apartamento en el que viven.

Pero Flora llegó al rescate. Hacía poco tiempo mi hermana y su familia habían pasado por el trauma del robo masivo de sus pertenencias, incluyendo su vehículo. Solamente alguien que ha vivido semejante trauma sabe la intemperie que se siente cuando se sigue viviendo en el espacio violado.

En el desespero de buscar protección, mi hermana Aimara les prestó a su perrita Shandy pero, entonces, ocurrió un milagro; una gran amiga de Maury la sorprendió con Flora-cachorrita como regalo.

¡Flora la irresistible! Llegó con capa de súper heroína y se incorporó con toda naturalidad y pisando fuerte. Fue la amiga y defensora de infancia de Adán e Ignacio, dos primos que crecieron como hermanitos. Flora, la de la cola de látigo. Éste sería su epíteto, estoy segura, si pudiéramos inmortalizarla en un poema griego de la antigüedad.

Era una perra muy vocal, tragona, energética y segura de sus privilegios y belleza. No la intimidaba empujar a alguien de una cama en la que ella se iba a echar, fuera quien fuera y me consta ¡por experiencia propia!

Cuando iba a pedir su comida, casi, casi hablaba. Era mandona, querendona y duuulce, nunca escatimaba en cariños al que se dejara. Era inequívoca en su magnificencia y cuando caminaba se meneaba, que es como decimos los venezolanos cuando alguien mece las caderas de un lado al otro al caminar.

Ese meneo arrasó más de una vez con lo que estuviera en la ruta de su cola de látigo y sé que no estoy sola entre las gentes que recibieron un latigazo en la cara por andar atravesados en el camino de su majestad. Por algo el apartamento de mi hermana está ordenado según la altura de Flora y lo que su cola pudiera alcanzar.

Flora, estoy convencida, era una perra “alfa” de esas -que si estuviera en una manada- sería la jefa. Me pregunto cuál será nuestro karma (en relación con féminas mandonas) porque en la familia hemos tenido varias perras así, incluyendo mi Tequila que dejé en Venezuela cuando me vine a Estados Unidos.

Quizás la siguiente anécdota ilustre el concepto alfa. En el 2005, tuve que dejar a mis perros Tequila y Salvatore con la única persona que pudo encargarse a última hora, un alumno mío que tenía varios perros y vivía en una granja con un riachuelo en Mérida (la de Venezuela). Tequila era nadadora y me consolaba pensar que estaría en un lugar en donde podría ser feliz.

La primera vez que fui de visita, la mamá de mi estudiante me contó con ternura y asombro que desde que Tequila había llegado ningún otro perro podía comer ¡hasta que ella terminara satisfecha! Eso es una “perra alfa” y estoy segura de que si Flora hubiera estado con otros perros… bueno ya saben.

Pues bien, la Floripondia, con gracia y donaire, aceptó los cariños y cuidados de mi cuñado Alexander, quien siempre la mimó y alcahueteó con el entendido de que, en realidad, Flora le estaba dando ese privilegio. Así de regia era Flora. Estoy segura de que la tarea más difícil de Alexander fue buscar un lugar de descanso para su cuerpo ya libre de sufrimiento. Y justo al amor de Alex encontró un lugar de flores en una lomita cerca de casa. Yo sé que no es casualidad un bello sitio para la bella Flora.

Tampoco creo que sea casualidad que Flora, quien luchó como gladiadora con incomprensibles e injustas enfermedades, haya esperado que Adán se fuera a sus viajes y conciertos para por fin rendirse a la vejez. Mi mamá, la abuela y mayor cómplice de Adán, ha llorado torrentes de sólo imaginarse el dolor de su nieto al regresar y no encontrar a su querida compañera de infancia.

Pero sé por experiencia ¡y sin asomo de duda! que una vez que Adán llore esas lágrimas inevitables, va a re-encontrar a Flora en nuestros corazones. Y lo sé porque Adán es un artista y los artistas transforman el sufrimiento en belleza y así es como lidian con la implacable inconveniencia de la vida.

Hoy, ya sin necesidad de ocultarle a Adán la partida de Flora, podemos todos compartir esa combinación contradictoria de alegría por los éxitos de este músico venezolano -que ha ido por el mundo a mostrar lo mejor de nosotros- y tristeza porque extrañamos a Flora. Alegría porque la tuvimos y tristeza porque echamos de menos sus latigazos.

Y así seguiremos viviendo estos sentimientos incompatibles e inconvenientes hasta que solamente quede el amor, lo único que vale de esa mezcla de triunfos y dolores que llamamos vida.

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Maura
Maura
4 years ago

Muy hermoso, digno de todo el amor que Flora nos dió y todo el aprendizaje que nos dejó el vivir con ella. ✨ Gracias. ✨

aritesanos
4 years ago

Sin palabras… 😢 Bella Flora 💖

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