Hoy volví a ver “Sobran las palabras”, una película que me impactó cuando se estrenó por lo bien que muestra a una codependiente en acción. Si no la han visto y planean hacerlo, este es un buen momento para dejar de leer este post pues, como parte de mi interpretación, echo el cuento. Pulsando aquí se puede ver el tráiler de la película.
Se trata de una película sutil, que se debate entre la comedia y el drama y que gira alrededor de Eva, la protagonista quien es una masajista a domicilio, divorciada y, en mi opinión, codependiente de librito. La película tiene otras sub-tramas interesantes como Sarah, la mejor amiga de Eva, una psicóloga atascada en su matrimonio y con serios problemas de límites que se manifiestan con su empleada doméstica, o la relación de Eva, su hija y la amiga de la hija, sin embargo, me voy a centrar en la codependencia de Eva, la protagonista.
Sarah la mejor amiga de Eva, la invita a una fiesta en la que, tras varias metidas de pata, Eva simpatiza con Marianne una poeta divorciada quien la contrata como su masajista. En la misma fiesta también conoce a Albert, un padre divorciado.
Eva y Albert no simpatizan mucho durante la fiesta. No es explícito pero el hecho de que Albert es obeso y un poco torpe parece influir en el desinterés de Eva aunque poco después, acepta salir con él en una cita romántica.
El romance comienza a funcionar lentamente y con cautela, mientras que la amistad entre Eva y su cliente, Marianne se desarrolla aceleradamente y sin filtros como con frecuencia nos pasa a los codependientes.
Uno de los principales temas de conversación de Marianne es la crítica de su exesposo quien ¡oh sorpresa! resulta ser Albert, el gordito con el que Eva está saliendo.
Cuando Eva se da cuenta, no se lo deja saber ni a Marianne ni a Albert y de una manera que yo interpreto compulsiva sigue tratando de “descubrir” quién es Albert a través de las opiniones de Marianne que envenenan y distorsionan su propia percepción. Su romance con Albert empieza a sufrir pues Eva copia las críticas que le escucha a Marianne, hasta el punto que una noche Albert le reclama “¿por qué tengo la impresión de que pasé la noche con mi exesposa?”
Por fin, todo se destapa. Albert termina con el “corazón partío” y rompe con Eva con una frase doblemente dolorosa “Rompiste mi corazón y ya yo estoy muy viejo para eso”. Eva termina devastada aunque tras un tiempo reconecta con Albert y la peli queda con un final abierto.
En pocas palabras, Eva tratando de controlar el futuro y de anticipar y evitar el dolor crea su propio infierno. Típica actuación codependiente.
El análisis lo emprendo usando la herramienta Patrones de Recuperación de la Codependencia que puede verse pulsando aquí. Comienzo a ver los síntomas de codependencia de Eva cuando muestra una excesiva admiración por la casa y en general la vida de Marianne, la poeta. Se trata de un patrón de baja autoestima, el #13: Los codependientes valoran la aprobación de otros de sus pensamientos, sentimientos y conductas, en lugar de la propia. Luego veo los patrones #1 y #2 (de negación) pues Eva tiene dificultades para identificar sus sentimientos hacia Albert y los minimiza y altera bajo la influencia de las opiniones de Marianne.
La escena cuando Eva es descubierta, ocurre porque Albert tiene una hija y cuando la va a buscar a casa de su ex, encuentra que Eva está allí.
Julia Louis-Dreyfus, la actriz que interpreta a Eva, actúa magistralmente manifestando los patrones 16 y 17 (también de baja autoestima) pues le es imposible admitir su farsa y de una manera patética finge estar tan sorprendida como su traicionado novio y traicionada cliente y nueva amiga: los codependientes tienen dificultad para admitir que han cometido error y aparentan tener la razón ante los demás e incluso mienten para dar buena apariencia
La relación de Eva con Marianne también refleja el patrón de baja autoestima #20 (Buscan que otros les brinden sensación de seguridad) pues, como Eva admite ante su amiga Sarah, tiene la esperanza de que Marianne le anticipe si Albert va a ser una mala pareja, sin darse cuenta de que para Marianne, Albert fue una mala pareja. Finalmente tal percepción negativa del “ex” es lógica sin que eso determine lo que la persona es realmente.
Eva también manifiesta los patrones de sumisión #23 y #26: los codependientes son extremadamente leales, se mantienen en situaciones dañinas demasiado tiempo y son muy sensibles a los sentimientos de otros y los asumen como propios. También el #27 pues en ciertos momentos trata de diferir sobre la interpretación de Marianne sobre cómo Albert se relaciona con su hija, pero no es capaz de sostener su opinión: Los codependientes temen expresar sus creencias, opiniones y sentimientos cuando difieren de los de otros.
Finalmente, Eva me recuerda a una amiga que, aunque en una eterna búsqueda de pareja, practica consistentemente los patrones de evitación #45 (Actúan de formas que invitan a otros rechazar, avergonzar o expresar rabia hacia ellos.) #47 (Evitan la intimidad emocional, física o sexual como medio de mantener las distancias para sentirse más seguros) y 52 (Atraen a otros, pero cuando se acercan, los alejan).
Es en este punto en que la codependencia y la adicción a las relaciones se superponen pues un gran vacío y necesidad de amor no suponen una gran capacidad de aceptarlo, al contrario, en recuperación he aprendido que la paradoja del amor romántico es que solamente llega a los corazones que ya están llenos por el amor propio.



