Hay una historia que ilustra cómo funciona en recuperación la entrega total a Dios (o Poder Superior como cada quién lo reconozca) y que escuché en una grabación de una alcohólica recuperada en Alcohólicos Anónimos, llamada Donna Eagan, a quien considero mi primera madrina de recuperación aunque no nos conocemos personalmente.
La historia se refiere a un alcohólico en su momento de “tocar fondo” pero puede versionarse para cualquier fondo que necesite encontrar la solución de los Programas de 12 Pasos. Yo le añadí mi toque para que se corresponda con el Poder Superior que encontré en recuperación: Un Dios de libertad.
Ésta es la historia:
Está un borracho desesperado por los desastres que la bebida ha ocasionado en su vida y, sabiendo que su único chance de alcanzar la sobriedad reside en una experiencia espiritual, decide hacer un trato con Dios. Reúne valor y franqueza y le dice:
– Dios, estoy listo. Ésta no es manera de vivir. Todo lo que me importa lo he destruido y no sé cómo parar. No sé cómo seguir bebiendo y no sé cómo dejar de beber. Aquí estoy y si quieres que hagamos un trato para que me des mi sobriedad, estoy dispuesto.
Dios le contesta de inmediato y le previene:
– Yo te puedo dar una vida de recuperación y felicidad pero me tienes que entregar todo lo que tengas.
El borracho apesadumbrado repone:
– Lamentablemente no me queda casi nada. He estropeado mi vida de tal manera que, si acaso, tengo veinte dólares en mi bolsillo.
– Está bien – responde Dios- ahora son míos.
– Pero Dios, si te doy los 20 dólares no tendré cómo pagar por la gasolina…
– ¡Ah! ¿Es que tienes un vehículo? Pues me lo tienes que entregar también.
– ¡Estoy desesperado! Te los entregaría de no ser que si no tengo mi vehículo ¿cómo hago para ir a trabajar? Ya estoy en bastantes problemas con mi trabajo tal como voy…
– ¡Ah! – lo interrumpe Dios – ¿También tienes un trabajo? Bueno, ya sabes, ahora es mi trabajo.
– ¡Ya no puedo más! Te entregaría mi trabajo pero ¿cómo hago para pagar mi vivienda?
– ¡Ah! ¿También tienes una vivienda? Métela en el paquete de lo que me entregas.
El borracho desesperado le repone:
– Dios yo estoy dispuesto, pero mi pobre familia ha tenido tanto que aguantarme y ¿ahora los voy a dejar sin vivienda? ¡Mi familia es todo para mí! – finaliza entre sollozos.
– ¡De eso precisamente es de lo que estamos hablando! Me lo vas a entregar TODO incluyendo a tu familia. Y con mucho más, todo te lo voy a devolver pero debes recordar que ahora no es tu familia. Es MI familia y no basta con que los ames, ahora aprenderás a tratarlos con dignidad y consideración. También te daré tu vivienda, tu vehículo, tu trabajo y tus veinte dólares pero debes recordar que ahora son MÍOS.
A tu trabajo irás solamente a demostrar cómo se actúa con integridad, honestidad y tolerancia. Tu vehículo servirá para que conozcas el deleite del servicio y lleves a otros alcohólicos como tú a desintoxicarse, recuperarse y vivir una vida de libertad y propósito en los programas de 12 Pasos que les he regalado.
Y desde ahora tu vida la usarás para defender la libertad que todos tienen de creer lo que quieran, incluso a negarme, aunque acuérdate de recordarles con tu ejemplo que la única verdad y lo único que siempre vive es el amor.
Para todo esto te daré claridad, entusiasmo y fuerza. Y decidas lo que decidas, cuentas como siempre, con mi amor incondicional, mi protección infinita y mi aceptación sin límites.




Que bella historia! Me emociona. Las paradojas de la espiritualidad…dando, recibimos. Esta historia le da una vuelta más de tuerca al tema. Recibimos para poder servir mejor y encontrar la verdadera felicidad. Me hizo acordar a ese poema que leía en un póster que había en casa, y que me llevo muchos, muchos, muchos años comprender. Dice así:
…”Yo dormía
Y sonaba
Que la vida
Era alegria.
Desperté
Y vi
Que la vida
Era servicio
Serví,
Y vi
Que el servicio
era alegria.
Rabindranath Tagore.
¡Qué regalo de poema, Goguito! ¡Gracias!