
Alguien en una ocasión me explicó “Así como no podemos detener el palpitar del corazón, no podemos detener la generación de pensamientos. Podemos en cambo, -con mucha meditación- aprender a interrumpir la historia que los pensamientos proponen y volver al momento presente con la respiración y quizás un mantra o una palabra.”
Déjenme contarles 30 segundos mentales de mi meditación esta mañana:
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“Listo. Comienzan los 20 minutos. Espero que sea una meditación pacífica.
Mejor no me hago expectativas mmm Ya me monté en el tren de dialogar con las expectativas.
[Respirando profundamente]
“Creo en Dios, dejo ir”
“¡Se me olvidó abrir la puerta a la perra para que haga pipí! …Eso es sólo un pensamiento, no necesito hacer nada.”
“Creo en Dios, dejo ir.
Pero ¿cómo es posible que se me olvidara otra vez? No ¡me voy a parar! Después recomienzo la meditación… Esto es sólo un pensamiento, no tengo porqué obedecerlo.”
”Creo en Dios, dejo ir.”
“¡Ah! hubiera puesto a hacer el café. Voy a tener que vestirme corriendo.”
”Creo en Dios, dejo ir.”
“Seguro que si me estoy vistiendo los 20 minutos se pasan corriendo… ¡ya!
Creo en Dios, dejo ir.”
”Creo en Dios, dejo ir. Creo en Dios, dejo ir.
” ¿Y si la perra se orina en la alfombra? ¡Me va a durar la meditación! … es sólo un pensamiento, no necesito hacer nada.” ![]()
”Creo en Dios, dejo ir.”
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A veces mis pensamientos están más calmados a veces están revueltos durante la meditación. La destreza de no “obedecerlos” (pararme a abrir la puerta o hacer café o dejar la meditación porque no me va a alcanzar el tiempo) me ha servido grandemente en situaciones en las que es mejor respirar antes de reaccionar y también cuando tengo antojo de comer algo que no me conviene.



