Cuatro Vidas y un Destino

Para el alma el tiempo no existe. Me imagino a mi "madre canaria" volando para fundirse en la luz del amor con su amado.

Una de las almas más serviciales y generosas que he conocido hoy ha volado hacia la luz a encontrarse con su hija Carmencita y de la mano de su gran amor, Giovanni. Estoy convencida.

La Señora Carmen -como siempre la llamé durante estos más de 40 años de entrañable relación- me adoptó como una de sus hijas y – sin proponérselo – me enseñó su ética canaria de esfuerzo y moderación. Yo, que soy una persona que tiende a la exageración, tuve la inmensa suerte de aprender de ella el arte de “arroparse hasta donde llega la cobija” con dignidad, humor y gracia.

Ella es la mamá de una de mis mejores amigas. Nacida en las Islas Canarias, Carmen o Carmela era por decisión venezolanísima y amaba con fidelidad de acero nuestra tierra que la acogió en la mayor parte de su adultez.

Dos veces tuve el lujo de ir con ella a su tierra natal, La Palma. La última vez fue a petición. Un milagro en sí mismo porque la Señora Carmen raramente pedía algo. Y se nota que la madre Providencia aprobó el plan pues gracias a muchas “dioscidencias” pude estar todo un abril en España y celebrar el cumpleaños número 95 de esta madre prestada.

El canal que Dios usó para materializar este milagro fue mi esposo Bradley quien -cuando la conoció en persona- conectó instantáneamente con ella, creo que por su parecido en la austeridad aunque también gracias al sutil y sorpresivo sentido del humor de ambos. Que no hablaran el mismo idioma se volvió un despreciable detalle técnico.

La Señora Carmen tuvo una vida de novela. Carmencita, la mayor de sus dos hijas, siempre decía que su obra magna sería la biografía de su madre Carmen Corujo. Sin embargo, tales manuscritos no existen (o desconocemos en dónde están) y yo pensé que mi viaje sería propicio para retomar la idea.

Con ese fin, grabé a la Señora Carmen contándonos su vida. En estos audios, ella salta en sus recuerdos de un lado a otro, siempre complacida de llegar al recuento de cuántas buenas mujeres venezolanas la ayudaron en momentos insostenibles pero ¡aún mejor! feliz de arribar al delicioso relato de cómo conoció a Giovanni, el amor de su vida y cómo fueron tan felices contra toda probabilidad.

Con Nelly, su hija y mi amiga, discutí el plan de esta novela hasta el punto de saber que se trata de un absurdo: nada puede reflejar las dotes de cuenta cuentos, la risa, la honestidad y candor con el que la Señora Carmen narra su vida. Mucho menos las insuficientes palabras con las que yo filtre sus historias y, finalmente, deforme los cuentos en lugar de enriquecerlos.

Por si fuera poco, está el factor de “el encargo”. Saber que estoy a cargo de una tarea que se espera es un asesino instantáneo y certero para la inspiración. En otras palabras, el proyecto de escribir las memorias de la Señora Carmen, en realidad, creó una utopía; un lugar al que nunca llegaré. Pero las utopías, como bien explica Eduardo Galeano, sirven para halarlo a uno en la dirección del ideal. Para que uno camine “un poquito más allá” persiguiendo lo imposible.

Lo mejor es que Nelly sugirió un título que- aunque suena un poquito a novela mayamera- me dio una clave para articular mis recuerdos de la Señora Carmen: Cuatro Vidas y un Destino.

Las cuatro vidas son las de esta hermosa mujer, sus dos hijas más Giovanni, el caballero italiano que mostró con el ejemplo que el amor es una realidad que se construye de a poquito. Giovanni le enseñó a la Señora Carmen que se quiere queriendo y procurando lo mejor para la persona que se ama y admira. Que se ama con acciones sustanciales y cotidianas en vez de dulces palabras vacías. Y aunque lo conocí en vida muy poco, es claro que él reconoció el privilegio de esta compañera que fue para él la Señora Carmen.

Así, con el asunto de las cuatro vidas, de pronto me di cuenta de que yo llegué a esta historia en el momento más feliz. Cuando la Señora Carmen tenía consigo a sus dos hijas y al amor de su vida. Y ella siempre reverenció ese amor a pesar de la cruenta y temprana partida de Giovanni.

Cuando yo quería darle un gusto a toda prueba a la Señora Carmen, me las arreglaba para llevarla al cementerio donde ella limpiaba la tumba de Giovanni, ponía flores frescas y encontraba un momento para suspirar como una Julieta perpleja por un desenlace tan inaceptable.

Hoy, que la Señora Carmen se ha librado de las ataduras de su cuerpo fuerte y magnífico hasta el final, mucho me tienta hacer un recuento de las risas que compartí con la familia que me prestó. Y bien que nos gusta reír cuando nos juntamos, pero sé que ya habrá tiempo. De momento, solamente quiero celebrar que la Señora Carmen partió el día del cumpleaños de Giovanni y eso no es una coincidencia, estoy convencida.

Bien dicen que para el alma el tiempo no existe. Me gusta imaginarme a Giovanni como el Romeo que no iba a dejar atrás a su amada y hoy -que en tiempo cósmico es el mismo momento cuando él partió- la ha tomado de la mano para fundirse en la luz de un solo amor. Como siempre fue, estoy convencida.

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