
Hoy hablando con mi hijo para que me diera más ilustraciones para el blog, recibí una noticia como un puñetazo en el estómago. Un amigo de su novia fue asesinado para robarle el celular.
Siguiendo la Décima Tradición de los Programas de Doce Pasos me voy a abstener de compartir mi opinión política, personal, mi ignorancia en criminología, etc. para concentrarme en una tarea que creo más importante: conectar esta noticia tan fea con el tema de la codependencia y la necesidad espiritual.
Para mí, la codependencia consiste en la búsqueda compulsiva e incontrolada de AMOR, PROTECCIÓN Y ACEPTACIÓN en lugares equivocados. Por ejemplo en la aprobación de otros, en el prestigio, el poder, la riqueza, la comida, el drama, el alcohol, las drogas, etc. Por eso mucha gente piensa que todo adicto es, para empezar, codependiente.
Yo no sé si los asesinos de este muchacho son codependientes (¿qué clase de dependencia hace que una persona le quite la vida a otra por un objeto?) pero sí sé que muchos codependientes hemos practicado alguna forma de asesinato y que las cárceles están llenas de codependientes que no han encontrado una solución espiritual a sus necesidades de amor, protección y aceptación. Lo veo a diario en el compartir íntimo con mis ahijadas en recuperación. Lo veo en mi pasado previo a la recuperación.
Yo he trabajado en universidades en Venezuela y aquí en Minneapolis en donde vivo. En un medio que puede ser competitivo y narcisista ¿cuántas veces no me encontré enredada en batallas para aislar, desprestigiar o “asesinar” académica o moralmente a alguien? ¿Cuántas veces no fantaseé con que alguien que me había herido o a quien temía incontroladamente fuera “eliminado” a veces a través de la burla, el desprecio o el juicio implacable?
Yo no quiero minimizar el horror del asesinato de este muchacho con comparaciones impropias. Que historias como éstas sean una posibilidad corriente en mi país sólo agudiza mi dolor. Sin embargo, la experiencia en recuperación me ha enseñado que no hay método más efectivo para enfrentar la impotencia y la rabia del duelo como ayudar a otros.
Lo voy a intentar compartiendo una herramienta de recuperación que cambió mi vida: los Patrones de Recuperación de la codependencia. Si no la conoce mándeme un correíto a maruruzicka@gmail.com y con gusto se la mando. También puede encontrarla en http://spanish.coda.org/
En mi próxima entrada voy a explorar mi experiencia con sus cinco categorías: negación, baja autoestima, complacencia, control y evitación.




Tremenda entrada, que me acuerda al aprendizaje, por parte de los padres de hijos que padecen de alguna enfermedad mental (aliado o no con la adición), que muchos crímenes se realizan por personas ‘fuera de sí’ — sea con drogas, sea con celos, rabia, rencor, paranoia,
etc. La enfermedad mental a veces se llama…codependencia, ¿No?
¡Exacto! Yo creo que las cárceles están llenas de codependientes que no encontraron una solución a tiempo. Gracias por tu comentario, Linda.
Y es una enfermedad progresiva, debilitante y letal. ¡Gracias por tu comentario, Linda!